Para alcanzar el llamado BORDE DEL MUNDO en Arabia Saudita (“Edge of the World” o Jebel Fihrayn), a 100 km de Riad, tuvimos que avanzar por una de las pedregosas pistas que conducen hasta “el fin del mundo” entre brincos y polvo pero… merecieron la pena, sin duda alguna, todos y cada uno de los balanceos y los botes que tuvimos que dar.
Esta impresionante atalaya de piedra está esculpida por la indómita naturaleza en las montañas Tuwaiq. Cuando llegamos al filo del precipicio, nos quedamos con la boca abierta contemplando sus panorámicas de vértigo sobre el inmenso desierto por donde serpentean wadis totalmente secos.
Avanzar por el filo del precipicio y llegar a los picachos colgados sobre el vacío requiere no tener vértigo o si se tiene… ¡vencerlo! Cada paso merece la pena, el entorno es embriagador.
¿Podéis imaginar que hace millones de años estos gigantescos acantilados fueron los fondos marinos del gran océano que lo cubría todo? Su abundante vida marina, ahora fosilizada, forma parte de las originales e históricas “arrugas” que configuran su arcaica orografía.
Queríamos disfrutar este lugar intensamente, verlo con todas las luces del día y bajo todas las estrellas de noche.
Al final… nos quedamos 3 días deleitándonos de esta excepcional naturaleza salvaje, paseando por todos sus recovecos y tras el ocaso… fueron 2 noches de ensueño bajo un cielo azabache repleto de luminarias.







